Confesiones de la piel

Confesiones de la piel

¿Te imaginas que un órgano de tu cuerpo mida casi dos metros?
Estás hablando con él: ¡Yo, tu piel!

Aunque te abrazo todo el tiempo, parece que no me conoces bien, pues te has concentrado sólo en mi color y en las marcas que se han ido acumulando con el tiempo, aunque éste sea breve. Le has dado más importancia a las manchas, al acné y a las arruguitas.

Permíteme presentarme: soy el órgano de mayor tamaño en tu organismo, la frontera entre tu cuerpo y el mundo exterior. Y no sólo estoy aquí para darte identidad.

Mi composición esencialmente es de queratina, una proteína que me hace suave, resistente, flexible y elástica. Esa es mi parte bonita, pero déjame contarte cuál es mi parte interesante.

Conoce mis tres capas:
•Epidermis
: es la capa más superficial de la piel, encargada de la resistencia y protección.
Dermis: es la capa intermedia, formada por capilares sanguíneos, glándulas sebáceas y sudoríparas, células y estructuras nerviosas que permiten sentir frío, calor, cosquillas y dolor.
Hipodermis o tejido subcutáneo: es la capa más profunda de la piel, formada por colágeno, microblastos y una gran parte de tejido graso, el cual se encarga de mantener la temperatura del cuerpo.

Además, tengo tres misiones fundamentales:
1) contacto y sensibilidad
2) regulación térmica
3) y generación de vitamina D

Te explico. En la primera misión, yo controlo la información entre tú y el mundo exterior. Tengo el rudo trabajo de enfrentar el sol, el frío, el viento; por cierto, te agradezco cuando me abrigas.

Sin embargo, hay otras circunstancias en las que no me ayudas mucho, como en situaciones de estrés, contaminación e infecciones. Hay otras circunstancias que no dependen de ti, como cuando tienes miedo y dices que se te pone la piel de gallina.

No quiero ser vanidosa pero sin mí, el sentido del tacto no existiría; gracias a mí puedes sentir presión, vibración, dolor, frío, calor. Y obvio, lo que más me gusta es cuando me acarician, me dan masaje, me cuidan.

En mi segunda misión me encargo de mantener la temperatura de tu cuerpo en los 37°C y controlar la pérdida de líquidos, como el agua y la sangre. En situaciones de calor me ayuda la transpiración, pero créeme que a veces me metes en aprietos; por ejemplo, cuando estás muy nervioso.

La tercera misión resulta un poco más compleja, ya que debo generar vitamina D bajo la acción de los rayos UV. Esta vitamina es esencial para que el cuerpo funcione, ya que permite el desarrollo y mantenimiento de los huesos y te protege de las enfermedades crónicas, entre muchas otras funciones.

Justo la protección resulta la parte mucho más interesante, ya que te protejo contra las agresiones de microorganismos, lesiones, golpes, quemaduras, sustancias químicas, agentes nocivos, presión y pérdida de agua o de calor.

Te aseguro que no lo has notado, pero conmigo tienes al mejor ejército del mundo, uno conformado por unos 20 mil millones de soldados, los linfocitos T; una milicia repartida por todo tu cuerpo y que conforma la primera línea de defensa del sistema inmunológico autónomo.

Por ejemplo, las bacterias, los hongos y los virus son dañinos para ti y para mí y son persistentes, buscan una y otra vez romper mi barrera para entrar a tu cuerpo, pero casi siempre les gano.

Sí, casi siempre, porque algunas veces logran entrar a tu cuerpo y no siempre salgo vencedora de esos ataques. Hay condiciones que me hacen vulnerable pero de cualquier forma, tengo a mi disposición la mayor capacidad de regeneración celular de todo tu cuerpo, con un récord de tan sólo 48 días.

Y no es que sea rencorosa, pero nunca olvido cómo te han tratado o me has tratado tú… Yo, tu piel, soy testigo y crónica de tu vida. Puedo recordar muchos años después tus traumas de la infancia, la crisis económica o familiar que viviste, las emociones fuertes, las veces que te quemaste en la playa. Y lo manifiesto con calvice, alopecia, erupciones, descamaciones, irritaciones y hasta cáncer.

Hazme un favor: ¡cuídame!
1. No me expongas tanto al sol y menos sin una crema protectora de por lo menos 50 FPS (factor de protección solar).
2. Hidrátame con agua natural y cremas apropiadas. Regálame 2 litros de agua natural cada día o más; no tomes en cuenta café, refresco, jugos ni ninguna otra bebida.
3. Dame de comer frutas y verduras, al menos dos veces al día. Esos son los alimentos que a mí me nutren, especialmente los que contienen vitaminas C y E y omegas 3 y 6.  ¡Ah! y otro de mis mayores manjares son las caricias. 😉
4. Límpiame a diario para evitar la obstrucción de mis poros; así podré eliminar impurezas desde adentro.
5. Por favor: no me pongas limón, bicarbonato, aspirinas ni ninguna otra sustancia agresiva, creyendo que con eso mejoraré mi aspecto.
6. Consulta a un dermatólogo si me ves con acné o algún otro problema.
7. Trátame bien y no me involucres con gente dañina. ¡Ámame!

¡Creo que ahora sí ya me conoces!
¡Nuevamente recibe un abrazo de mi parte!

Antes de irte, ¡Regálale un masaje a tu piel!
Elige el de tu preferencia: holístico o de tejido profundo, relajante, de drenaje linfático o descontracturante.
Haz tu cita  en SpaKyE.

Terapeuta Katy Cástulo
55 2403 5230 o haz clic aquí 
5245-1127
Av Stim 99 piso 1, Lomas del Chamizal
Cuajimalpa, CDMX